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Concepto y requisitos de celebración de los contratos




 

Concepto y límites

El contrato es una de las más importantes instituciones de todo el Derecho Civil. Gracias a él las personas pueden relacionarse jurídica y económicamente de las maneras más diversas: transmitiéndose bienes, contrayendo obligaciones, etc… Consiste en el acuerdo celebrado entre dos o más partes, personas físicas o jurídicas, en virtud del cual cada una de ellas se compromete a hacer o a entregar algo a cambio de la prestación que recibirá de las demás.

El Código Civil consagra el principio de la libertad contractual, gracias al cual los contratantes pueden determinar sus relaciones incluyendo en el contrato cualesquiera disposiciones que tengan por conveniente, sin más límites que las leyes, la moral y el orden público. Estas restricciones han de entenderse en el contexto del momento histórico en el que se hallen las partes, puesto que, por ejemplo, la moral pública no es la misma ahora que hace 70 años.

 

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Hay otro límite que afecta a los contratos, y es que su cumplimiento no puede depender, exclusivamente, de la voluntad de uno sólo de los contratantes. Es ésta una consecuencia del carácter recíproco que tienen los contratos, cuyo desenvolvimiento debe estar sujeto a un acuerdo de voluntades.

Las estipulaciones en favor de terceros

Como los contratantes pueden disponer lo que deseen en el contrato, será perfectamente válida la cláusula que establezca algún beneficio en favor de un tercero, ajeno por completo al contrato en cuestión. Buen ejemplo de ello son las cláusulas de los contratos de seguros, que pueden establecer como beneficiarios al cónyuge o a los descendientes del asegurado, así como a cualquier otra persona.

Celebración del contrato

La misma validez tiene un contrato celebrado por escrito que otro hecho verbalmente, exceptuando algunos casos en los que la ley exige su constancia por escrito. Lo importante es que todos los contratantes estén conformes con los elementos que integran el contrato, así como del tipo de éste (lo que se conoce como naturaleza del contrato). Por lo tanto, puede decirse que existe el contrato desde que los contratantes manifiestan el consentimiento de cumplir determinadas prestaciones a cambio de recibir las de los otros.

El principio de la buena fe también está presente en materia contractual. Eso significa que el contenido de los contratos ha de integrarse con lo que normalmente, y en beneficio de las partes, forma parte de ellos.

Para poder celebrar un contrato en nombre de otra persona la ley exige que previamente se le haya conferido al representante un poder de representación. Poder que podrá ser revocado por el otorgante en cualquier momento, aunque respetando siempre el cumplimiento de las obligaciones contraídas por el representante, antes de la revocación, de acuerdo con los términos del poder.


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