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Nos hemos separado, ¿con quién se queda nuestro perro?




La separación y el divorcio constituye una situación traumática para toda pareja, aunque cuando este final se presenta como la mejor solución posible. Las cosas se complican aún más cuando de por medio existen mascotas y no se llega a un acuerdo amistoso sobre quién se queda con ellas o cómo se reparten las visitas.

En estos casos, es necesario recurrir al Código Civil español para dilucidar qué consideración hace éste de las mascotas (animales) y qué opciones existen cuando una pareja decide poner fin a su relación y entre ellos existe un vínculo tal como un perro o un gato.

Encontrar una solución al respecto es tarea complicada, y esto es debido a que en España, la jurisprudencia relativa a la custodia de las mascotas en bastante escasa.

Otro segundo aspecto que complica la situación que estamos describiendo es la consideración que la ley española tiene de las mascotas. De hecho, el Código Civil establece que un perro o un gato es una “cosa”, como si se tratase de una silla o una mesa incapaz de entablar lazos emocionales con sus dueños.

Pero la realidad es que las mascotas, al igual que los hijos, sí establecen vínculos emocionales con las personas con las cuales conviven, y no pueden ser materialmente divididas para su reparto.

Mucho jueces aún optan por abstenerse a la hora de fijar la tenencia de una mascota en la sentencia de divorcio. Otros, por el contrario, sí que han dictado sentencia al respecto. En 2010, una sentencia pionera de los juzgados de primera instancia de Badajoz determinó la custodia compartida de un perro en el caso de la ruptura de una pareja de hecho. En caso de necesitar asesoramiento en caso de divorcio o separación, puede consultar con abogados especializados en civil o abogados matrimonialistas. La cuestión por tanto es…

 

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¿Qué opciones existen respecto a la tenencia de mascotas en caso de divorcio?

La mejor de las soluciones siempre pasa por un acuerdo amistoso de tal forma que ambas partes establezcan cuál de ellas se queda con el animal e incluso establecer un régimen de visitas, períodos vacacionales, etcétera. En el caso de que la pareja se muestre incapaz de alcanzar un acuerdo, entonces será necesario recurrir a la ayuda de la justicia. En esta caso, podrán darse dos soluciones:

  1. Que la propiedad de la mascota sea adjudicada a una de las dos partes, lo que conllevará la obligación de indemnizar al otro cónyuge en concepto de pérdida de custodia y disfrute del animal.
  2. Que el juez decida establecer una custodia compartida. En este caso, cuando una de las partes disponga de mayor tiempo y recursos para dedicarse al animal, lo lógico es que este viva en su casa, al tiempo que se fijará un régimen de visitas para la otra parte, que incluso podrá llevársela en tiempos de vacaciones.

Es necesario advertir, que en aquellos casos en que la mascota fuese propiedad de una de las partes con anterioridad al matrimonio, y aún cuando se hubiese establecido un régimen de bienes gananciales, la propiedad recae en la persona que lo adquirió, por lo que la otra parte no podrá efectuar reclamación alguna. Si la compra se ha efectuado dentro del matrimonio, en general regirán las normas del régimen adoptado: bienes gananciales o separación de bienes.

Tampoco debemos olvidar un tercer escenario posible: cuando existen niños de por medio. En estos casos, la sentencia puede variar debido a que la relación entre los más pequeños de la casa y los animales de compañía suele ser muy estrecha; los niños no querrán separarse de su perro, su gato, y la ruptura puede resultar traumática.

En situaciones así, en sentido común nos dice que la mejor solución es que la mascota se quede con el cónyuge que también obtenga la custodia de los niños. De hecho, existe jurisprudencia al respecto que recomienda separar a los niños de sus mascotas cuando se produce un caso de separación o de divorcio de sus padres.


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J. ALFOCEA

Licenciado en Historia y Periodismo. Un apasionado por comunicar todo lo que pueda despertar interés

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